Sonia Delaunay, la abstracción salvaje

Bal Bullier | Sonia Delaunay | 1913

Bal Bullier | Sonia Delaunay | 1913

Con una retrospectiva de su obra  recientemente finalizada en el Tate Modern de Londres, la obra de Sonia Delaunay, vuelve a ser revalorizada luego de décadas de ostracismo.

La vida de la artista parece haber estado marcada por una natural espontaneidad para adaptarse a su ambiente. Nacida en el seno de una familia acomodada en Ucrania, Delaunay hablaba diferentes idiomas, se mudaba frecuentemente de país y no dudó en casarse de joven con un galerista secretamente homosexual, del cual se divorció en buenos términos,  para evitar las presiones de su familia. Pero es igualmente cierto que, así como podía adaptarse a las circunstancias en las que se encontraba, poseía la misma naturalidad para desafiar las convenciones con el fin de provocar a otros.

A principios del siglo XX, no hay duda de que Delaunay representaba, ella misma, el espíritu moderno. En este sentido, por ejemplo, no consideraba que el arte debía estar irrevocablemente suscripto a las categorías consensuadas, léase la escultura, pintura, escritura, etc. Su primera obra abstracta, consiste, de hecho, en un cobertor de cuna que cosió para su bebé. Este cobertor se encontraba en la muestra del Tate y consistía en retazos geométricos de diferentes colores con un dejo cubista. Es decir, Delaunay no distinguía entre un arte “culto” o “refinado” (“high art”) de otro que no lo fuese. Por eso, desarrolló su obra sin importar el soporte en el cual fuera y pintó desde vestidos hasta automóviles.

Prismas eléctricos No 14 - Sonia Delaunay - 1914

Prismas eléctricos No 14 | Sonia Delaunay | 1914

El arte, para ella y su segundo marido Robert Delaunay, era praxis. Una aventura, un movimiento, una estética.  Diferentes fuentes biográficas mencionan como el matrimonio Delaunay asistía a las fiestas en el Bal Bullier, uno de los pocos salones de baile parisinos que en ese momento contaban con luz eléctrica, vestidos con ropa colorida, vibrante, confeccionada por ellos mismos. En medio de este clima bohemio, en Montmartre Sonia Delaunay se relacionaba con Picasso, con el poeta Apollinaire, y con varios de los fauvistas, los “salvajes” de la pintura, de quienes toma los coloridos campos de color que distinguieron su obra.

Su arte, basado en composiciones de figuras de color intenso muestra movimiento, ritmo, plasticidad; y, aunque muchas veces su pinturas tenían un dejo de representación, como la pintura del salón de baile Bal Bullier ya mencionado; otras eran completamente abstractas, tales como Prisma eléctrico No 14. Es por ello que, desde hace algunos años, la obra de Delaunay es valorizada: porque representa uno de los pocos antecedentes del movimiento abstracto que, en décadas posteriores, sentará una de las bases fundamentales del arte moderno.

 

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~ por Álvaro Mazzino en diciembre 16, 2015.

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