¿Por qué los egipcios pintaban así?

Fresco de la tumba de Nakht (detalle)

Fresco de la tumba de Nakht (detalle)

Inspirado por E.H. Gombrich

La pintura egipcia parece plantearnos, a nivel general, dos interrogantes. El primero de ellos se refiere al estilo, mientras que el segundo, a su supervivencia.

Con respecto al estilo, debemos primeramente entender que las escenas representadas en una pintura egipcia nos muestran un mundo, un tiempo completamente ajenos al nuestro. Es decir, no puede extrañarnos que muchas veces nos encontremos desconcertados ante el arte egipcio. Dejemos de lado las surrealistas representaciones de dioses o escenas míticas. Miremos directamente las representaciones de escenas de la vida cotidiana, con seres humanos de carne y hueso: las figuras, extremadamente simplificadas, en posturas imposibles, nos llaman tanto la atención como el orden arbitrario y caprichoso de los elementos que completan sus composiciones.

Pero es aún más curioso el hecho de que este estilo haya sobrevivido, con mínimas variaciones, por más de 2000 años. Recordemos que la pintura europea en solo 700 años atravesó incontables movimientos artísticos. Aunque la comparación no es válida dado que ocurrieron en periodos históricos completamente diferentes, evidentemente la pintura egipcia se mantuvo sin modificaciones porque cumplía el objetivo que se proponía.

¿Por qué entonces los egipcios pintaban de esta manera?

A los egipcios le gustaba que su pintura muestre, de forma clara y evidente, lo que ellos querían representar. Una buena pintura era una pintura en la cual el observador podía entender exactamente lo que estaba sucediendo en ella. No había espacio para ambigüedades o interpretaciones. El objetivo principal era que sea entendible para todos. Pensemos en, por ejemplo, las señalizaciones de transito: representan lo que quieren decir de la forma más simple posible. Es por esta razón que, al igual que ellas, la pintura egipcia es plana y bidimensional. Aunque en un futuro, la tridimensionalidad, la profundidad y la perspectiva hablarán de cierta “evolución” en la representación de la realidad, esta complejidad era contraria a la intención artística egipcia. Y por este motivo su estilo se mantuvo sin modificaciones por tanto tiempo.

Observemos, por ejemplo, la pintura adjunta a este post. Es un detalle de los tantos frescos encontrados en una tumba cerca de Luxor que pertenecía a un oficial egipcio llamado Nakht. Mirémosla en detalle. Veremos que Nakht y su esposa se encuentran realizando una ofrenda a un dios. En la mitad izquierda, encontramos a los personajes uno detrás del otro. En la mitad derecha, los elementos que constituían la ofrenda: en el área de arriba podemos identificar vasijas, huevos, aves, verduras y demás elementos. En el área debajo, veremos diferentes cortes de carne y los restos de una vaca o buey.

Cada elemento de la pintura está representado con claridad. Aquí no solo no interviene ni la profundidad, ni la perspectiva, sino tampoco siquiera las leyes físicas, como la gravedad. Incluso es fácil identificar cada uno de los alimentos ofrendados al dios. Este fresco, más que una representación de la realidad, parecería ser una descripción pictórica.

Las figuras, como decíamos, nos pueden parecer extrañas. Las cabezas de costado, los torsos de frente, y las piernas de costado: ningún ser humano podría adoptar una postura así. Pero este hecho tampoco es azaroso. Desde la perspectiva egipcia, las cabezas son más identificables de costado, mientras que los torsos y los ojos son más identificables de frente. Los torsos de frente muestran cómo se unen ellos con los brazos y las piernas. Incluso, hay un detalle muy curioso: si se observan los pies de Nakht con detenimiento, parecen ser dos pies izquierdos. Esto responde al hecho de que los egipcios pensaban que dibujar los dedos gordos de los pies frente a nosotros haría más evidente un pie, sea lo que esto signifique. Al observar otras pinturas egipcias, se podrá ver que, depende a donde se oriente el personaje, los pies pueden ser, o ambos derechos, o ambos izquierdos; pero siembre con el dedo gordo del lado del espectador.

Los artistas egipcios eran artesanos considerados apenas más valiosos que el trabajador de la construcción y, por ello, la idea de que pusieran en juego su subjetividad en su arte era absolutamente extraña para ellos. De hecho, los artistas debían aprender de memoria los recursos antes descriptos para ejercer su oficio. Con este conocimiento, solo debían repetir las mismas reglas en cada una de sus pinturas, y el trabajo estaba hecho.

Esta es la lógica detrás de una pintura que, sea que nos guste o no, ha sobrevivido por milenios. Y, al hacerlo, ha cumplido otro de sus objetivos: ser eterna.

Artículo originalmente publicado en CRAC Magazine

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~ por Álvaro Mazzino en septiembre 4, 2015.

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