Retrato del matrimonio Arnolfini | Jan van Eyck | 1434

Retrato del matrimonio Arnolfini | Jan van Eyck | 1434

Retrato del matrimonio Arnolfini | Jan van Eyck | 1434

En un contexto histórico en donde los grandes artistas del renacimiento como Miguel Ángel o Rafael ni siquiera habían nacido, Van Eyck ya era reconocido como uno de los pintores más expertos del norte de Europa. El grado de maestría técnica que alcanzó el artista con la pintura oleo lo sitúa al lado de los grandes maestros italianos pero, desgraciadamente, solo sobreviven 25 lienzos que indubitablemente pueden ser atribuidos a él.

Trabajó en Brujas, en la actual Bélgica, bajo el patronazgo del Duque de Borgoña, Felipe el Bueno. Dentro de su obra, podemos encontrar motivos religiosos y, excepcionalmente, retratos de miembros de la alta sociedad de la ciudad.

El estilo del artista se identifica por la falta de movimiento de las figuras, por su realismo y, sobre todo, por un exagerado interés por los detalles.

El Retrato del matrimonio Arnolfini es una de los primeros retratos en donde no se representan personajes bíblicos o santos cristianos. En él, aparece Giovanni Arnolfini, un rico mercader amigo del Duque de Borgoña, bendiciendo a su mujer Jeanne.

La pintura nos sitúa dentro de una habitación, presumiblemente, en la casa de la pareja. Los personajes aparecen como estatuas, rígidas, características del estilo del artista. Los colores de las telas en la obra son intensos y contrastan con los rostros de las figuras, pálidos e inmaculados. El Sr. Arnolfini tiene un aspecto severo y austero, pero sostiene con delicadeza la mano de su mujer quien, en cambio, con la cabeza gacha, se muestra educada y sumisa.

El nivel de detalle en la obra es sorprendente. Van Eyck muestra toda su habilidad en el tratamiento de las texturas, fundamentalmente, en el terciopelo del esposo, en los pliegues del vestido de su mujer y en el pelaje del perro. Su obsesión por los detalles puede observarse en el espejo que aparece en el fondo, el cual refleja toda la escena en un espacio de solo cinco centímetros en la pintura original.

Todos los elementos que aparecen en la pintura tienen dos funciones: por un lado, evidenciar la prosperidad económica de la pareja y, por otro, ser usados como símbolos. Las naranjas sobre la mesa, por ejemplo, eran un producto extremadamente caro y lujoso en el norte de Europa, y según el imaginario occidental, los frutos representan a la fertilidad. Así también sucede con el resto de los elementos: la alfombra, el espejo, el candelabro, la gárgola, la escobilla, el collar de cuentas, el perro y los zuecos. Me abstendré de incluir la significación de cada uno ya que extendería demasiado el análisis que me propongo.

Toda esta simbología nos indica que hay un significado oculto en la obra, y por ello, se esgrimieron diferentes teorías acerca como puede interpretarse la pintura. Algunos sostienen que ésta fue creada con el propósito de dejar establecido legalmente el compromiso de la pareja. Por este motivo, Van Eyck firmaría el cuadro en un lugar central, arriba del espejo, con la leyenda “Johanes de Eyck fuit hic, 1434” (Jan van Eyck estuvo aquí, 1434) como si fuese el testigo de este acontecimiento. Pero esta opinión parecería forzada, ya que, al igual que ahora, una obra de arte no ofrecía ningún respaldo legal válido.

Otros sostienen que la obra celebra el matrimonio de la pareja, ya que solo las mujeres casadas llevaban el peinado en alto, como lo hace mujer de la pintura. Sin embargo, en 1997, un investigador descubrió en un archivo perteneciente a la familia del Duque de Borgoña, que la pareja Arnolfini se casó efectivamente en el año 1447, es decir, una década después de la pintura, cuando el artista ya había muerto.

Pero la última hipótesis, la que parece más plausible, es la que sostiene que la obra no es únicamente un retrato, sino que es una alegoría al matrimonio y a la maternidad. A pesar de que muchos opinan que la mujer del cuadro no está embarazada, y el abultamiento en la panza sería producto del corte de su vestido; no puede negarse que la mano izquierda de la mujer, como acariciando su vientre, sugiere que va a concebir un niño. La multiplicidad de símbolos en la obra inclinaría la balanza hacia esta última hipótesis.

Independiente de la interpretación, sabemos por los registros que, tristemente, el matrimonio no resultó como se esperaba: la pareja nunca pudo concebir un hijo y el Sr. Arnolfini fue llevado a juicio por una causa de infidelidad.

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~ por Álvaro Mazzino en octubre 18, 2013.

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