Desnudo masculino con taparrabos rojo | Egon Schiele | 1914

Desnudo masculino con taparrabos rojo | Egon Schiele | 1914

Desnudo masculino con taparrabos rojo | Egon Schiele | 1914

Considerando la insistencia del joven Schiele, su paupérrimo desempeño escolar y su incapacidad para relacionarse con sus pares, el tío lo autoriza a mudarse a Viena para estudiar arte, contando solo con 17 años. Ingresa en la Academia de Bellas Artes de la ciudad pero abandona su educación antes completar el primer año, frustrado por la conservadora enseñanza que se impartía en la institución.

Decide entonces buscar a Gustav Klimt, un artista por el cual tenía el máximo respeto y admiración. En ese entonces, Klimt ya era reconocido; sobre todo por ser el líder de la Secesión Vienesa, un grupo de vanguardia que se oponía al tradicionalismo de la Asociación de Artistas Austriacos. Klimt de inmediato reconoce el talento del adolescente para los retratos y se convierte así en su maestro.

Schiele poseía una gran capacidad para el dibujo: como muchos de los expresionistas de la época, realizaba cada retrato rápidamente, de una vez, sin vacilar. No corregía su trabajo: si no estaba satisfecho con el resultado, tiraba la hoja y comenzaba una nueva. Mientras que al principio sus retratos se asemejaban a los de Klimt; a medida que pasa el tiempo, estos se vuelven cada vez más extraños y grotescos. Las figuras de sus desnudos, extremadamente flacas, se muestran en poses extravagantes y antinaturales. Varios de ellos, sexualmente explícitos, generaban un amplio rechazo en la conservadora sociedad vienesa. El artista fue incluso acusado de corrupción de menores y pasó un corto tiempo en la cárcel.

Schiele tenía una obsesión por los autorretratos. Desnudo masculino con taparrabos rojo es uno de ellos y, al igual que el resto, no tiene fondo. El hecho que el artista aparezca aislado en sus obras nos habla del vacío y aislamiento que experimentaba. El cuerpo de Schiele aquí aparece deformado a través de trazos firmes y seguros; y sus manos retuercen su cabeza en un ángulo imposible. El taparrabo que cubre sus genitales, de un color rojo brillante, se asocia con la intensidad de los impulsos sexuales e interrumpe la falta de color en el resto del lienzo. Sus más de cien autorretratos atestiguan el narcisismo del artista quien, a través de estas pinturas, exploraba su propio yo, su angustia y su soledad.

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~ por Álvaro Mazzino en abril 5, 2013.

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