Boulevard Montmartre de noche | Camille Pissarro | 1897

Boulevard Montmartre de noche | Camille Pissarro | 1897

Boulevard Montmartre de noche | Camille Pissarro | 1897

Camille Pissarro nace en lo que hoy son las Islas Vírgenes pero su padre, nacionalizado francés, lo envía a estudiar a París. Una vez que termina su educación, vuelve a su casa y comienza a trabajar en el negocio familiar. A los 21 años, decide dedicarse a la pintura, y abandona su hogar para mudarse a Venezuela junto a Fritz Melbye, un artista danés que se convertirá en su primer maestro. Poco tiempo después, vuelve a Paris para ampliar sus horizontes y continuar estudiando junto al hermano de este artista, Anton.

En Francia Pissarro comienza su carrera artística propiamente dicha. En aquella primera época, el artista pinta paisajes realistas al aire libre, acorde a las exigencias del Salón de París, el comité oficial de artistas que dictaba que tipo de arte era aceptable o no. Pero su búsqueda pronto lo lleva por nuevos caminos y se hace amigo de Monet y Cézanne, otros artistas en desacuerdo con las directrices del Salón. Junto a ellos y a otros como Manet, Renoir y Degas, fundarán la Sociedad Anónima de Artistas, Pintores, Escultores y Grabadores. Los miembros de esta sociedad son los que serán reconocidos en un futuro como los Impresionistas, con Pissarro a la cabeza del movimiento.  

Organizan la primera Exhibición Impresionista en 1874 como alternativa a la exhibición del Salón. La opinión pública los destruye: los críticos de arte, acostumbrados a las escenas religiosas, históricas y mitológicas (que constituían los temas “aceptables” para la academia oficial), opinaban que el arte del grupo era vulgar y que su técnica era desprolija y rústica. Solo el autor y critico de arte Émile Zola reconoce el merito de los artistas y los defiende en sus publicaciones.

Luego de seis años de trabajar con los impresionistas, Pissarro conoce a Seurat y a Signac, dos artistas puntillistas que, en lugar utilizar trazos, pintaban sus lienzos mediante pequeños puntos de colores primarios. Estos puntos, al tomar distancia, son percibidos como una totalidad; y los colores se funden para formar nuevos y diferentes tonos. Pissarro da un giro hacia este tipo de arte, y vuelve a retratar motivos similares a los que trabajaba de joven en Venezuela. Su preocupación por la teoría del color seguía intacta, pero la técnica puntillista le resultaba demasiado racional y, por ende, menos espontanea. Después cuatro años, abandona esta etapa neo-impresionista por considerarla artificial; y vuelve a trabajar en sus obras como lo hacia anteriormente. Pero lejos de ser una involución, este retorno muestra un Pissarro mas maduro, con un manejo del color más sutil y refinado.

Ya mayor de edad, el artista empieza a sufrir de una infección ocular recurrente que le impide pintar al aire libre, salvo en días de calor. Es por ello que sus últimas pinturas reflejan paisajes desde dentro de habitaciones. A finales de los 80s, Pissarro alquila un cuarto en el Grand Hôtel de Russie, en la esquina del Boulevard des Italiens y la Rue Drouotin, en París. Desde su ventana cuenta con una vista privilegiada del Boulevard Montmartre, al cual le dedica una serie de 14 pinturas en diferentes épocas del año y bajo diversas condiciones climáticas. Estas obras son curiosas fundamentalmente por su punto de vista elevado. Boulevard Montmartre de noche es una de esta serie y, en mi opinión, quizás la más interesante. Si consideramos que los impresionistas pintaban generalmente de día, esta pintura es curiosa ya que es la única de la serie que retrata el paisaje de noche.

Lo que vemos en Boulevard Montmartre de noche no es una copia fiel de la realidad, es una impresión del paisaje. No hay ninguna forma que necesite ser resaltada por sobre otra, no hay jerarquías. Los trazos de la pintura varían en cada campo de color. Se alargan, acortan y cambian de dirección en diferentes partes de la obra.  Mientras que desde arriba, las pinceladas del cielo son uniformes y se van aclarando de forma sutil hacia el punto de fuga; las pinceladas de abajo a la derecha entremezclan diferentes colores ente si de forma más desordenada. Estas diferentes texturas hacen que la obra sea dinámica y espontanea. Las formas del paisaje no son explicitas: Pissarro utiliza el color para sugerir la forma, y es ahí donde el artista permite que el espectador dialogue con la pintura. Los trazos nos hacen percibir un paisaje tranquilo y apacible, donde las luces artificiales de la calle se reflejan en las calles mojadas por la lluvia. A la izquierda intuimos un restaurante, mientras a la derecha podemos ver escaparates de negocios en la planta baja de los edificios y, arriba de ellos, probablemente se encuentren departamentos residenciales, que a la noche permanecen a oscuras. Personalmente, creo que esta obra es especial porque no pretende retratar un lugar, sino expresar una sensación.

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~ por Álvaro Mazzino en noviembre 9, 2012.

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