El incendio del parlamento | J.M.W. Turner | 1835

El incendio del parlamento | J.M.W. Turner | 1835

El incendio del parlamento | J.M.W. Turner | 1835

Turner.

¿Cómo empezar un post de Turner?

No lo sé. Pero puedo afirmar que Joseph-Mallord-William Turner es uno de mis artistas favoritos. No creo que haya habido algún pintor como él ni creo que vaya a existir otro parecido.

Hijo de un barbero, Turner empieza a dibujar y pintar desde los 4 años. Su padre, orgulloso, exhibe sus trabajos en su negocio. El talento de Turner era tan notorio que logra entrar a la Royal Academy of Art a los 14 años y así comienza su carrera profesional.

El artista estuvo siempre muy interesado en la arquitectura y es por eso que, en su obra temprana, generalmente vemos cuadros con edificios nítidos y detallados, que ilustran diversas situaciones. Pero Turner no estaba satisfecho, ni con este realismo, ni con dominar una técnica impecable, sino que buscaba perfeccionarse aun mas.

La misión de Turner no era solo ser un buen pintor, o simplemente ganarse la vida. La misión de Turner era espiritual. El creía que la luz era producto del espíritu de Dios; y por ello se va alejando de ese realismo que lo limitaba y, poco a poco, va abstrayéndose. La luz, entonces, pasa a ser su primera preocupación, no como un fenómeno óptico, como para los impresionistas; sino como una expresión espiritual. Así, el artista se interesa tanto por su reflejo en el agua, en las nubes o en los incendios; como por su efecto en determinadas situación atmosféricas como la lluvia, las tormentas o la niebla. Al parecer, Turner se obsesionó con esta idea. Tal fue su grado de sofisticación (y obsesión) que, por ejemplo, años después de su muerte, se encontraron montones de cuadernos llenos de dibujos y ensayos de un solo motivo: nubes.

El incendio del parlamento fue un hecho real, que ocurrió en Londres en 1834. El artista, residente de la ciudad, se embarcó en un pequeño bote para ver el espectáculo desde diferentes ángulos y, una vez que hubo vuelto a su estudio, pintó la obra de memoria. En el lienzo, vemos el parlamento inglés incendiándose tras el rio Támesis. En primer plano vemos a la muchedumbre que, al igual que el artista, se había juntado para ver el acontecimiento.

Lo primero que llama la atención de la obra, es la luminosidad de las llamas. 200 años después, los colores parecen brillar por sí mismos, sin haber perdido un ápice de intensidad. Los oscuros azules del cielo y verdes del agua del Támesis, contrastan con los colores cálidos del fuego. Este interjuego, en la obra, nos transmite esa misma expectativa ansiosa que sentimos ante la inmensidad, ante aquello que se encuentra por arriba nuestro y nos hace sentir ínfimos. Las figuras, por otro lado, son difusas y difíciles de reconocer; sobre todo en las barcazas que se encuentran en el río. Pero justamente, es la intención del artista que no nos detengamos a analizar detalles, sino que podamos sentir lo que la obra nos genera como un todo unificado y completo.

Turner transforma la realidad, abstrayéndola confusamente al mismo tiempo que la hace más dramática y real. Y por ello, nunca va a existir otro artista como él.

La leyenda cuenta que, antes de morir, el artista suspiró una última frase: “El sol es Dios”.

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~ por Álvaro Mazzino en diciembre 23, 2010.

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