Madonna Sixtina | Rafael | 1514

Madonna Sixtina | Rafael | 1514

Madonna Sixtina | Rafael | 1514

Solo los más excelentes artistas gozan del honor de ser reconocidos solo por su primer nombre. Y así han pasado a la historia personajes como Miguel Ángel, Tiziano, Leonardo y, por supuesto, Rafael.

Raffaello Sanzio nace en Urbino, una ciudad en el centro de Italia que, aunque minúscula, en tiempos del renacimiento se ufanaba de ser el centro artístico del país. Se educa bajo la tutela del artista Pietro Perugino, quien considera a Rafael completamente entrenado a la edad de 18 años, valiéndole el título de “maestro”.

A título informativo, comúnmente se divide la obra de Rafael en 3 periodos: el primero corresponde al de sus años en Umbría, el segundo se refiere a su periodo en Florencia y, el último, su periodo más productivo y ajetreado, los doce años que pasa en Roma trabajando para la Iglesia.

Luego de ganar fama en toda Italia, en 1508 Rafael es invitado a Roma por el papa Julio II para pintar frescos en su biblioteca privada en el Palacio Vaticano. Al contrario de Miguel Ángel, quien había pasado meses deambulando en Roma hasta que fue convocado para un trabajo por primera vez, Rafael llega a la ciudad e inmediatamente pone manos a la obra. Imagínense que, Miguel Ángel, incluso antes de haberlo conocido, ya odiaba a su rival, y tiempo después lo acusará conspiración y plagio.

Pero esto es anecdótico. Rafael comienza con su trabajo en la biblioteca del papa y luego le encomiendan lo que se darían en llamar los “cuartos de Rafael” o stanze Raffaello, que lo harán mundialmente conocido.

En 1513, el artista recibe un pedido de los monjes benedictinos para pintar un fresco sobre el altar de la Iglesia de San Sixto, con la condición de que la pintura incluya las figuras de San Sixto, séptimo papa de la iglesia católica; y Santa Bárbara, virgen y mártir por defender sus creencias. Madonna Sixtina será el resultado de esta encomienda y también será la última obra que Rafael termine con sus propias manos.

A pesar del nombre de la obra, la madonna que aparece en el cuadro es la figura que suscita menos atención en los espectadores. Aunque no existen dudas sobre la belleza del personaje, o la exquisita técnica del artista, realmente es la figura menos curiosa de todas. Si no fuera por su mirada preocupada, que muchos interpretan como una turbación profética respecto de la crucifixión de su hijo, la madonna se nos hace bastante indiferente. A la izquierda de ella vemos a San Sixto, con su mano señalando hacia el espectador. Recordemos que este fresco iba a ser ubicado sobre el altar de una iglesia, por lo que, simbólicamente, San Sixto estaría señalando a los fieles, en una actitud en la cual parece pedir a la madonna que interceda por ellos. En el extremo inferior izquierdo, casi saliéndose del cuadro, notamos, la tiara papal dejada de lado, que pretende ilustrar la humildad del santo al desestimar un símbolo de poder. A la derecha vemos a Santa Bárbara quien, arrodillada, mira y controla a quienes, inintencionadamente, serán los personajes más recordados de la pintura: los querubines en la parte inferior. Su imagen será repetida hasta el hartazgo en productos tan tiernos como una carta de San Valentín hasta otros tan mundanos como un condón, pero algo es indudable: la imagen de los querubines ya está grabada en la retina de todos los habitantes del planeta. Sobre ellos, hay dos versiones diferentes de porque Rafael decidió pintarlos así, con la mirada ensoñada hacia el cielo. Una versión sostienen que Rafael se inspiro en dos niños que vio en la calle mendigando por dinero; pero la otra teoría, quizás más plausible, cuenta que la modelo que posó para la figura de Santa Teresa tenía dos hijos que asistían al taller de Rafael mientras su madre trabajaba. Los niños, evidentemente aburridos de ver a su madre posando quieta por largos periodos de tiempo, habrían servido a Rafael como inspiración para la expresión de los querubines.

Quizás en todas estas curiosidades, o pequeños detalles, es donde podemos ver el verdadero talento del artista como creativo; más allá de la técnica.

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~ por Álvaro Mazzino en noviembre 19, 2010.

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