La entrega de llaves a San Pedro | Pietro Perugino | 1482

La entrega de llaves a San Pedro | Pietro Perugino | 1482

La entrega de llaves a San Pedro | Pietro Perugino | 1482

El italiano Pietro Vannucci nace en el año 1446 en Perugia, lugar por el cual así será rebautizado y conocido en el mundo del arte.

Por la época, la información con la que contamos del pintor es escasa. Y, casi toda, parte del ya mencionado libro de Giorgio Vasari, “La vida de los artistas”, de 1511. Sin embargo, hay algo de lo que no tenemos dudas: la habilidad del artista fue reconocida de forma muy temprana.

En la Italia renacentista, las encomiendas eran encargadas a los máximos exponentes de la pintura local. Y antes de cumplir 40 años, a Perugino le fue encomendado pintar un fresco en uno de los muros de la Capilla Sixtina. De más esta decir el honor que la tarea representaba. Por eso, Perugino se dedicó a pintar allí su obra maestra, La entrega de llaves a San Pedro, en 1482.

En la pintura, vemos a Cristo entregándole las llaves de los cielos a San Pedro, el primer papa de la iglesia católica. Alrededor de ellos, vemos entremezclados a los 12 apóstoles, con un halo sobre sus cabezas; como a otras personalidades de la época. Incluso, el propio Perugino se pinto a sí mismo (es el 7mo personaje a la izquierda de Cristo), lo que no nos sorprende tanto, si tomamos en cuenta que hace poco se descubrió que Michelangelo también se pintó a sí mismo en su obra El juicio final. Al parecer, estos artistas, aunque un poco narcisistas, gozaban de sentido del humor.

Tras de los personajes principales, vemos representadas 2 situaciones de la vida de Jesús. A la izquierda, se representa la escena del pago de tributos; y, a la derecha, la escena de la lapidación de Cristo. Mas hacia el fondo, observamos 3 construcciones: la central es fácilmente identificable, ya que corresponde a la iglesia de Jerusalén con su inconfundible domo dorado; las otras dos construcciones en los extremos, sin embargo, no parecen representar absolutamente nada, ya que son dos arcos sin ningún tipo de fin útil. Comúnmente se piensa que solo sirven para equilibrar la composición.

A pesar de su logro, Perugino continúa recibiendo críticas acerca de la obra. Se reprocha que la perspectiva falla, que la escena no tuvo lugar en Jerusalén sino en Cesarea, y que los arcos son superfluos. Pero, evidentemente, al artista en vida, mucho no le importó: se hizo famoso, tuvo como estudiante a Rafael y murió extremadamente rico.

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~ por Álvaro Mazzino en octubre 29, 2010.

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