Whistlejacket | George Stubbs | 1762

Whistlejacket | George Stubbs | 1762

Whistlejacket | George Stubbs | 1762

Nace Stubbs en Liverpool en el año 1724 y, desde los 16 años, comienza a pintar retratos por los que cobra un modesto importe. A partir de los 21, paralelamente a la pintura, estudia anatomía en el hospital del condado de York. Al parecer, Stubbs estaba fascinado por el estudio de los cuerpos y sus movimientos.

A los 30 decide visitar Italia para “convencerse de que la naturaleza es y siempre fue superior al arte”, según sus propias palabras.

Dos años pasan y vuelve a Inglaterra. En Lincolnshire, alquila una granja y aquí la historia se pone extraña: Stubbs se dedica, por 18 meses, al diseccionamiento de los caballos que morían, como un experimento para entender mejor la fisiología del animal. De hecho, colgaba los cadáveres y los ponía en diferentes posiciones para dibujarlos.  Como resultado de esta experiencia, edita un libro llamado La anatomía del caballo.

Es a partir del libro que los dibujos de caballos de Stubbs son reconocidos. En ese momento, se pensaba en el artista como superador de pintores como Seymour, Tillemans y Wootton, quienes también retrataban equinos. Es por eso que el marqués de Rockingham le encarga a Stubbs una pintura de su propio caballo de carrera, Whistlejacket.

En el lienzo vemos al caballo parado sobre sus patas traseras. El manejo de la luz nos permite ver todos los músculos del animal. Si, al igual que Stubbs, prestamos atención a la fisonomía del equino, veremos que los músculos delanteros se encuentran más relajados, mientras que los del cuarto trasero se encuentran en tensión, mas rígidos que los anteriores.  Respecto de la textura, casi podemos palpar el pelaje del animal, que nos da la impresión de ser suave, como de terciopelo. Por último, no se puede evitar notar que el cuadro no tiene ningún tipo fondo. Aunque hay versiones que sostienen que el cuadro no está terminado, tenemos dos motivos para creer que si lo está: primero, porque Stubbs ya había pintado caballos sin fondo; y segundo, por la sombra de las patas traseras apoyadas, que nos indican que el artista ya plasmó en el lienzo todos los detalles que creía necesarios. Por lo tanto, el fondo homogéneo solo tiene como motivo resaltar o dar mayor fuerza a la vitalidad del equino.

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~ por Álvaro Mazzino en septiembre 23, 2010.

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