Noli me tangere | Fra Angélico | 1430

Noli me tangere | Fra Angélico | 1430

Noli me tangere | Fra Angélico | 1430

Fra Angélico nace como Guido di Pietro en 1395 y a los 23 años ingresa en la orden de los dominicanos. Los registros indican que Fra Angélico ya era un pintor al momento de hacerse monje. Así, según la costumbre, cambia su nombre a Giovanni y comienzan a apodarlo “el angélico”. El nombre con el que se lo conocerá en el mundo del arte, a partir del libro “La vida de los artistas” de Vasari en 1965, deriva de la palabra en latín “Fra”, hermano; y de su apodo, “el angélico”.

Nuestro artista se hizo famoso por sus pinturas en altares, lienzos y sus frescos. Y así, fue invitado a pintar la capilla del papa Nicolás. Sin embargo, no solo fue conocido por su arte, sino también por vivir en el ascetismo propio de un fraile dominicano, con el fin de ocuparse de los pobres.

Noli me tangere significa “no me toques”. Según la biblia, esas fueron las palabras que Cristo le dijo a María Magdalena habiendo resucitado. Y el pasaje continúa “…porque todavía no he ascendido al Padre”. Realmente, no tengo idea que puede significar esta frase. Solo puedo decir que la escena del “no me toques” ha sido pintada muchas veces por diferentes artistas como Fra Angélico, Poussin, Rembrandt y varios más.

La obra de hoy no es una pintura sobre un lienzo, sino que es un fresco, es decir, pintado sobre una pared. Muchas veces, a nuestro artista le encomendaban pintar las habitaciones de los diferentes frailes, para que les sirva tanto de decoración como de fuente de inspiración. La obra de hoy es uno de estos frescos y allí, vemos a Jesús saliendo del sepulcro donde fue dejado luego de muerto. Podemos notar que está caminando por la posición de sus pies y, a la izquierda, María Magdalena tratando de tocarlo para constatar que el hijo de Dios ha resucitado.

La composición del cuadro está dividida en dos mitades, determinadas por el árbol central. En estas partes, vemos el dualismo entre dos mundos: el espiritual y el terrenal. Cristo lleva ropas blancas, símbolo de pureza, y parece flotar sobre el suelo; mientras que Magdalena, se encuentra, por su posición, más cercana a la tierra.

Aunque la pintura tiene varios errores históricos (y no creo que esto le importe a Fra Angélico), me gusta.  La texturas me parecen lo más interesante. La caverna me parece suave, casi como de mármol. Las telas de los vestidos caen livianas sobre los cuerpos, haciéndolos armónicos.  Y, por último, también son dignas de ver las texturas de la vegetación del suelo, el cerco detrás y los árboles frondosos.

Un dato curioso es que Fra Angélico no retocaba sus pinturas. Una vez que las había terminado, las dejaba así, ya que creía que, como estaban inspiradas divinamente, no debían ser modificadas.

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~ por Álvaro Mazzino en agosto 13, 2010.

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