Mujer desvistiéndose | Egon Schiele | 1917

Mujer desvistiéndose | Egon Schiele | 1917

Mujer desvistiéndose | Egon Schiele | 1917

Hay diferentes tipos de pinturas. Mientras algunas son realmente expresivas y dramáticas; otras son más livianas y asépticas. Para equilibrar la balanza entre la pintura de ayer, de la cual dijimos que podríamos colgarla en la sala de espera de un dentista y nadie se turbaría; hoy vamos a ver al austriaco Egon Schiele que, a mí entender, se sitúa en el extremo opuesto del espectro del dramatismo y la expresión.

Nuestro artista estudió junto a Gustav Klimt, a quien le gustaba motivar a sus estudiantes. Él vió en Schiele un talento que necesitaba ser explotado y se interesó en él. Muchas veces, Klimt intercambiaba con Schiele su propio arte y, otras, le proveía de contactos para su futura carrera artística.

Luego de un tiempo, Schiele fue considerado como el sucesor de Klimt, pero no estoy muy de acuerdo con el título. Aunque en algún punto, parecidos, los estilos de los dos son bastantes diferentes. Klimt se considera modernista (que es lo mismo que decir que pertenecía al movimiento art nouveau) y, por asociación, muchos también consideran a Schiele como perteneciente al mismo movimiento. Pero desde mi humilde opinión, el trabajo de Schiele es mucho más crudo y visceral. Y por eso, me parece más adecuado definirlo como expresionista.

Tratando de sortear el esnobismo del párrafo anterior, diremos que sus pinturas se caracterizan por los personajes de líneas irregulares, donde el color, si existe, es apagado y de poca importancia. La “belleza” y la armonía están ausentes. Y su temática, aunque hay excepciones, es generalmente sexual. Éste tipo de arte, a principios del siglo XX, no fue bien recibido, sino todo lo contrario. Tanto, que incluso, en un momento, Schiele fue enviado a la cárcel acusado de ser promotor de pornografía.

Mujer desvistiéndose retrata a una mujer quitándose el vestido hacia arriba. Y lo hace en una posición extraña y forzada. La obra carece de color, que solo lo encontramos en su cabello, el vestido y en las medias negras. Y tanto las medias como el vestido hacen concentrar nuestra mirada en… si, si, obviamente, en el trasero de la señora. Las líneas irregulares nos hacen pensar en una mujer mayor, pero no creo que lo podamos saber: quizás la falta de trazos armónicos solo trata de hacer a la mujer más grotesca y no necesariamente vieja.

Aunque difícilmente se pueda decorar una habitación de buen gusto con la obra de hoy, Schiele sigue siendo uno de mis favoritos, sin ninguna duda.

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~ por Álvaro Mazzino en agosto 11, 2010.

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