Paisaje con San Gerónimo | Joachim Patinir | 1524

Paisaje con San Gerónimo | Joachim Patinir | 1524

Paisaje con San Gerónimo | Joachim Patinir | 1524

Un buen pintor de paisajes”. Así definió Durero (Albrecht Dürer) a su amigo Joachim Patinir, pintor renacentista nacido en la actual Bélgica.

Solo 5 obras están firmadas por nuestro artista de hoy, sin embargo, muchas más le son atribuidas. Patinir pintaba paisajes grandes, increíblemente detallados y, muchas veces, fantásticos y surrealistas. Asimismo, las figuras o personajes dentro de estos paisajes, eran minúsculas y, usualmente, eran pintados por otras personas lo cual, según parece, era una costumbre perfectamente aceptada en la época.

En la pintura Paisaje con San Gerónimo, observamos, en primer plano, una especie de cueva donde se ve a San Gerónimo junto a un león. La leyenda cuenta que éste santo se encuentra con el fiero animal y nota su molestia al caminar. Se dispone a ayudarlo y solo cuando el león se lo permite, Gerónimo descubre que el motivo de su cojera procede de una espina clavada en uno de sus pies. Así, le saca la espina y el león, agradecido por haberlo curado, se ofrece como guardián del monasterio al que Gerónimo pertenecía. Esta leyenda, que también fue atribuida a San Gerasmo (obviamente por la similitud entre los nombres “Gerónimo” y “Gerasmo”), continua, pero escapa de la pintura que hoy tenemos. Ésta historia, tiene mucho simbolismo en la tradición católica. La espina clavada en el león se asemeja a la corona de espinas que llevó Jesucristo al ser crucificado y representa al pecado. Así como San Gerónimo puede sacar la espina del león, Cristo saca la espina de aquel que está en pecado.

Además de la escena principal, observamos varias situaciones secundarias. Abajo a la derecha vemos un anciano caminando con un niño a punto de cruzar un puente. Un poco más arriba, vemos un león atacando a un campesino sobre un burro. Ésta es una escena, a mí entender, casi cómica: el campesino cayéndose del burro, asustado, me parece bastante gracioso. Si seguimos mirando con atención, más arriba a la izquierda, se encuentra una iglesia en la cima de una montaña y varios caminos que llevan a ella. Un poco más a la derecha, vemos algo parecido a una aldea y, al costado de ella, una chacra con un estanque… cuadrado. Arriba, se observa un mar, el puerto, un puente y varias embarcaciones.

Todas estas diferentes escenas están reunidas en el mismo lienzo de una forma bizarra, casi delirante. O, más bien, surrealista. Un estanque cuadrado, un castillo emergiendo de lo profundo del bosque, rocas extrañas y seres minúsculos nos convencen de una visión fantástica de una realidad que Patinir quizás presencio. O no. Sin embargo, este conjunto de escenas incongruentes entre si hacen a la obra interesante. Uno tiene que ver cada detalle e ir observando la obra por partes dado que es imposible hacerlo como un todo. No parece tener ningún tipo de coherencia. Es una pintura… disgregada.  

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~ por Álvaro Mazzino en agosto 2, 2010.

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