Gran paisaje con castillo en ruinas e iglesia | Jacob van Ruisdael | 1665

Gran paisaje con castillo en ruinas e iglesia | Jacob van Ruisdael | 1665

Gran paisaje con castillo en ruinas e iglesia | Jacob van Ruisdael | 1665

Evidentemente, durante esta semana me siento un poco romántico, dado que, al igual que ayer, me decidí por una pintura del mismo estilo, aunque estrictamente, seria pre-romántica. Como ya hablé del movimiento per se en el post anterior y no tengo ganas de hacerlo de nuevo, voy a solo describir algunos aspectos del artista y hacer algún comentario personal sobre la pintura.

Jacob Isaaczoon van Ruisdael, como dice su nombre, era hijo de Isaac van Ruisdael, un pintor holandés no particularmente famoso. A su vez, su tío Salomon van Ruisdael, también se dedicaba a las artes y gozaba de un ligero prestigio en su Haarlem natal. Como puedes deducir, la pintura, especialmente de paisajes, venia por herencia familiar.

Del artista en cuestión, se sabe poco, pero es conocido el hecho de que, durante su vida, no tuvo reconocimiento por su obra, lo que lo sumió en la más absoluta pobreza. Tanto es así que, de viejo, y gracias a sus contactos con los menonitas, van Ruisdael tuvo que pedir asilo en una casa asistencial, sostenida por donaciones, donde murió dos años después.

La obra de van Ruisdael refleja paisajes ricos en detalles y una lograda iluminación. A diferencia de otros pintores holandeses que trabajaban paisajes, van Ruisdael no necesitó retratar una escena, sino que el montaba composiciones de diferentes elementos en un todo armónico.  Sus temas eran la naturaleza, las ciudades distantes, construcciones derruidas y, de vez en cuando, paisajes marinos. 

Personalmente, no tenía ni la más mínima idea de quién era van Ruisdael o que había pintado. Nunca jamás había escuchado de él, pero eso no impidió que, cuando vi Gran paisaje con castillo en ruinas e iglesia por primera vez, pensé “¡por Dios que buena obra!”. En ella vemos una campiña con 4 construcciones, dos en primer plano y dos al fondo. En principio, vemos un castillo en ruinas abajo a la derecha, rodeado por un rio (o lago) y frondosa vegetación. Mas al centro a la izquierda, vemos caminos que llegan hasta la iglesia. Estas dos construcciones son las que dan nombre a la obra. También en el centro, pero al fondo, veo un molino de viento típicamente holandés, aunque éstos son usados para bombear agua y, cerca de él, no se detecta absolutamente nada que pueda bombear. Por último, al fondo a la derecha vemos la punta de alguna otra construcción que, aunque presumo que es también una iglesia, no puedo asegurarlo.

Sin embargo, todos estos elementos son, a mi punto de vista, superfluos a lo que la obra me provoca. La ingenuidad de la campiña contrasta con la tenebrosa y amenazante formación de nubes que la cubren de oscuridad. Un tímido destello de luz sobre el molino parece perdonarle la destrucción que se avecina sobre la región.

El cuadro me parece dramático, pero con una sutileza increíble. Refleja lo que uno siente en ese momento de calma antes de la tormenta. Ustedes saben a qué me refiero: cuando el viento comienza a soplar y todo alrededor comienza a vibrar ligeramente como si fuera eléctrico… cuando lo estático se vuelve dinámico y uno sonríe, así, sin más.

Tormenta. En un espacio abierto. Rodeado de naturaleza. Ese sería un buen hogar.

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~ por Álvaro Mazzino en julio 29, 2010.

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