Las cenizas de Foción recogidas por su viuda | Nicolas Poussin | 1648

Las cenizas de Foción recogidas por su viuda | Nicolas Poussin | 1648

Las cenizas de Foción recogidas por su viuda | Nicolas Poussin | 1648

A los 18 años, contra el deseo de su familia de proseguir una carrera en leyes, el francés Nicolas Poussin se escapa de su Normandía natal con destino a Paris para hacer realidad su sueño de convertirse en artista. Allí, durante 11 años, estudia con varios profesores la pintura manierista.

No satisfecho con eso, contando con 29 años, decide mudarse a Roma, donde tiene la oportunidad de estudiar los monumentos antiguos y el movimiento barroco. En la capital italiana, Poussin, mas allá de pintura, aprende perspectiva, anatomía y geometría, lo que es fundamental para entender su decisión de dedicarse al arte clásico.

Comienza a pintar paisajes, bajo la premisa de expresarse relacionando “la armonía de la naturaleza con la virtud del hombre”. En este contexto, hace uso de sus profundos conocimientos de latín para meditar sobre la historia de Foción, relatada por Plutarco.

En ella, descubrimos que Foción fue un virtuoso general ateniense acusado injustamente de traición (aunque otras versiones dicen “errores políticos”) y, consiguientemente, fue condenado a muerte. Para evitar el ritual de la pira funeraria, costumbre de su época, se firma un edicto en donde se le prohíbe a sus familiares hacerlo, por lo que deben llevar el cuerpo del general a Megara , otra ciudad griega, donde llevan a cabo la incineración de su cuerpo.

Poussin crea 2 obras en relación a la muerte de Foción. Por un lado El funeral de Foción y, por otro, Las cenizas de Foción recogidas por su viuda. Ésta última, es reconocida como poseedora de más contenido y más dramatismo que la primera.

En ella, en primer plano, vemos a la viuda juntando sus cenizas de su esposo luego de la cremación, al lado de su criada. El juego de luces y sombras tiene un claro sentido: el costado del camino en donde se encuentran está cubierto de una gran oscuridad generada por la sombra de los árboles. Sin embargo, la viuda está extremadamente iluminada, como si brillara por si misma. Y es éste contraste el que llama nuestra atención respecto de lo que sucede. A su lado, la criada, evidentemente accesoria la situación, parece querer asegurarse de que ninguna otra persona se dé cuenta de lo que están haciendo.

En el fondo, observamos la ciudad de Megara como un paisaje ideal: las personas allí solo se ocupan del ocio y la diversión, completamente ajenas al dolor y al sufrimiento de la protagonista de la obra. Pareciera como si, a través de los contrastes, de los pares opuestos, Nicolas Poussin quiera expresar cierta posición, en lugar de solo describir de modo anecdótico una historia.

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~ por Álvaro Mazzino en julio 22, 2010.

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